Telegrama-CA-001-2026

Se me olvidó escribir

Se me olvidó lo que es escribir desde hace varios días, varios meses para ser exacto. Se me ha vuelto una pesadumbre grande el sentarme a relatar algún pensamiento rebuscado, algún intento de poema de amor o alguna carta de “berreo”. Sencillamente, me he convertido últimamente en creador de objetos efímeros (ligados a programación, deberes profesionales o labores hogareñas), quizás para sentir maso menos una milésima de lo que se siente jugar a ser un dios juguetón y perseverante. Pero hoy las ganas de fabricar se me agotaron, y todo por el simple hecho de haber salido a la calle y derramar el vaso de mi paciencia por culpa de un rasgo nefasto que se ha multiplicado en la humanidad como mala hierba, y que pareciera que va expandiéndose sin tregua cada vez más.

Yo no entiendo por qué esa urgencia de pelear en carretera, de “madrear” al otro porque les da la gana, de agredir lo ajeno como si fuera pan de todos los días. Y es que me inquieta encontrar ladrando la rabia en tantas esquinas de la patria, atada a los postes, queriendo zafarse desenfrenada para tirarse encima de las personas que persisten con el alma menos atormentada. Todo esto pareciera nacer de la misma raíz de podredumbre que se ha venido en implantando en Costa Rica, Centroamérica, América y el mundo, influenciada por esa médula nefasta que sostiene el capital y sus arteros cómplices.

Basta con salir de casa para desmotivarme de que la furia es la nueva normalidad de un gran puñado de hombres y mujeres. Les aficiona seguir y vitorear con bárbaro fervor una politiquería rala, sobre todo, remedar actos sucios de personajes con caretas feroces y aborrecibles que irrumpen discursos falsos que incitan a la humanidad hacerse trizas por esa manía estúpida de limitar el mundo en una derecha y una izquierda, y por qué no, de paso infundir miedo y violencia al que no se ajusta al estándar fascista que hoy desgraciadamente está moda.

Esa necedad de buscar pleito hasta en lo más ridículo es lo que me trae hoy de nuevo a sentarme tras la pantalla a escribir. Me harté de recibir ofensas y rostros ennegrecidos por cualquier movimiento que haga. Por tanto, y por más tortuoso que sea volver a escribir una pequeña nota, me veo en la obligación de dejar a un lado por un rato el silencio literario en el que he estado sumido, para contarlos que me fastidia ver el odio dispersarse como semilla, en lugar de diseminar el trabajo desinteresado y colectivo por sanar el mundo profundamente herido.

A veces siento que esa misma apatía generada por la cólera me ha permeado todo este tiempo sin darme cuenta, sin permitirme aplicar pausas y revisiones en mi interior que han sido, por defecto, mis espacios seguros para sentar base a mis escritos. Pero lo bien que se aprende, nunca se olvida. Aquí estoy, una vez más, recordando lo que es relatar mientras reto el espacio/tiempo, y elevo también mi voz hacia las estrellas sin temor a que el olvido me censure.

– ADChP / 26Sep2026

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